En
el parque central de Burunchel había un vagabundo quien se decía de
que era el hombre mas inteligente de la comarca de Cazorla ,por que
tenia una solución para cada problema. Por ese motivo, mucha gente
acudía a él buscando un consejo y dejaba una moneda en su sombrero
al marcharse.
Cerca
de este parque vivía María, una adolescente que llevaba semanas
llorando porque su novio la había dejado con la excusa de que se iba
a estudiar a Francia para poder escribir libros.
Harta
de oír sus lamentos día y noche, su madre decidió llevarla a
hablar con el sabio vagabundo, María no quería hablar con él por
las pintas que llevaba pero la madre insistía que se sentara al lado
del vagabundo para que le diera un consejo para su hija .
María
refunfuñando le contó su problema mientras que le contaba su
desgracia al vagabundo sus lágrimas volvían a correr por sus
mejillas. Tras escucharla con gran atención, el sabio vagabundo le
dijo con voz dulce:
-Tú
me has confiado tu historia y yo voy a contarte otra, ¿Conoces el
chiste de los pingüinos?
-No…
-dijo María, ofendida.
-Pues
escucha bien...Una mujer muy amante de los animales vío desde la
ventana de su coche un grupo de pingüinos caminando a cinco calles
del zoo de New York, al entender que se ha escapado, decide bajar a
arreglar aquello antes de que los atropellaran. Como la dama llega
tarde a la reunión, para a un chico joven con la cara de tonto, le
da un billete de 50€ y le dice te doy este dinero para que lleves a
estos pingüinos al zoo.
María
escucha aquella historia cada vez más enfadada, pero no se atrevió
a cortar al vagabundo que siguió:
-Tres
horas después, vuelve en su coche por el mismo camino y se encuentra
al chico con la cara de tonto y el grupo de pingüinos por la calle.
Furiosa
sale del coche y le pregunta al chico ¿Por qué no has hecho lo que
te había pedido? A lo que le responde:
¡Claro
que lo he hecho! He llevado a los pingüinos al zoo como usted me
dijo, y con el dinero que ha sobrado ahora los llevo al cine.
El
vagabundo estallo con
una gran
carcajada acompañada por María, que se reía
de lo malo que era el chiste.
-Espera
no te vayas todavía,
tengo algo que contarte.
La
chica pensó que ahora le contaría su problema, después
de haberla hecho
reír
con el chiste.
Para
su asombro el vagabundo explicó:
-Una
mujer amante de los animales ve desde su coche a un grupo de
pingüinos...
Por
educación de María escuchó
de nuevo el chiste y solo le ofreció una sonrisa. Luego María le
hizo una señal a su madre para que se fueran pero el vagabundo la
detuvo.
-Entiendo...
- dijo el vagabundo, mirándola
muy fijamente a los ojos le dijo:
Me
estas diciendo que no puedes reírte
una y otra vez del chiste ¿verdad?
¡Ya
te lo
sabes!
Entonces ¿Por
qué
llorar un día tras otro cuando el problema es el mismo?